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viernes, 16 de febrero de 2024

Hipocresía moral

Moralmente es imposible empatizar con la barbarie del Holocausto, con el drama allí vivido y a la vez defender la masacre que se está llevando a cabo en Gaza o decir que hay que pasar página con el franquismo, otro régimen autor de auténticas masacres.

Tampoco es moralmente aceptable verbalizar el dolor por el sufrimiento de inocentes y aceptar firmar documentos en los que se abandona a su suerte a miles de ancianos. 

La derecha marca un discurso lleno de incongruencias pero que inexplicablemente se acepta por parte de la sociedad. El dolor parece valer más o menos según quién sufra. Es más, según dicte el líder en cuestión. 

Sin embargo, la sociedad mundial, la inmensa mayoría ve atónita el espectáculo dantesco de discursos incendiarios, machistas, xenófobos, homófobos y repletos de odio al pensamiento opuesto.

Defender los derechos humanos tendría que ser algo innato.

Defender que a un anciano hay que derivarle a un hospital sin mirar si tiene más o menos dinero, si es clase alta o baja, si tiene seguro privado o sanidad pública tendria ser algo incuestionable.

Gritar que los nazis hicieron una masacre que jamás debe olvidarse es obligatorio como sociedad con conciencia.

Alzar la voz en favor de Gaza tendría que ser lo deseable en la sociedad y la muestra de que hemos aprendido y no hemos olvidado lo que anteriormente ya pasó en la historia.

Decir no al terrorismo es lo que la sociedad mundial dice sin titubear.

Luchar unidos contra los tiranos de nueva generación que quieren imponer el individualismo, clasismo y demás valores que nos desvirtúan como sociedad tendría que figurar como objetivo común.

Narrar y dialogar con los jóvenes para que conozcan la historia de sus propios países y la historia a nivel mundial tendría que ser prioridad absoluta ante el mundo de la desinformación en el que están inmersos. Leer, conocer, viajar, experimentar debería ser su sistema de vida. Sin embargo, escuchar mensajes simplones de líderes que gritan libertad y otras palabras muy bonitas pero que simplemente son el gancho para llegar al poder y no dejarles gozar de aquella palabra con la que fueran cautivados son el día día de las sociedades mundiales.

Es una pena ver a una hija llorar la muerte de sus padres en una residencia durante una horrible pandemia. Escuchar que no pudo hacer nada, que sus palabras nada valían, que su petición de que llevaran a sus padres a un hospital no se tuvieron en cuenta. Es detestable que esto haya ocurrido. Son una lágrimas que deberían hacer reflexionar a aquellos que tomaron esas decisiones.

Esos mismos que hoy dicen sentir horror por el Holocausto pero no sienten compasión por Gaza. O que adquieren casas millonarias pero no topan el precio de la vivienda para que todo el mundo acceda a ella. O que hablan de lo malas que son las dictaduras pero dicen que hay que pasar página con el Franquismo.

Los mensajes políticos tienen un objetivo, calar socialmente, lograr votos para llegar al poder. Y eso es lo que está ocurriendo en el mundo actual. Cuanto más se simplifican los mensajes más espectro social tocan. Cuanto más hablen en los mítines de temas del día a día, den soluciones simples a problemas complejos aún sabiendo que no podrán llevarlas a cabo más probable es que se llegue al poder.

También manejar lo que pretenden hacer en el poder es algo que gestionan en sus discursos. Es decir, aunque se demuestre que pagar impuestos es positivo socialmente y que no arruina a nadie, o que subir los salarios es algo más que necesario, quienes no quieren ese reparto de la riqueza, quienes son partidarios de mantener los equilibros de poder tal como están dirán a voces que deben hacer recortes, que tener menos salario será bueno a la larga, que luchan por la economía. Pero esas clases bajas que están siendo manipuladas o están siendo apresadas por el miedo deberían preguntarse, ¿Qué economía es por la que luchan? ¿Esos líderes que gritan tanto esos mensajes simplones mejoran la vida de esas clases bajas de las que se valen para llegar al poder? Sin esas clases bajas no suman, no llegarían al poder y lo saben. Es por eso que se centran tanto en ellos. En que valoren a esos ricos empresarios que les dan trabajo, les dejan existir. Casi les dicen que gracias a ellos son y que los rebeldes que dicen que no es así son ingratos.

La ignorancia es muy atrevida. El boicotear la educación pública que da acceso al conocimiento a la mayoría social no es casual, es algo necesario si se quiere tener gente manipulable. La educación te da poder.


martes, 21 de noviembre de 2023

El lado bueno de la Historia

Jamás retroceder en derechos será estar en el lado bueno de la historia. Jamás odiar lo diferente será estar en el lado bueno de la historia. Renegar de la ciencia, de la educación, del conocimiento, del aprendizaje demuestra una falta tan inmensa de sabiduría, de inquietudes, de conciencia que aboca a los pueblos a terrenos ya explorados y sufridos.

Mujeres y hombres valientes a lo largo de la historia alzaron la voz para que la humanidad evolucionara. En nuestros días otras mujeres y otros hombres, también valientes, alzan sus voces a sabiendas de que sufrirán igual que quienes en el pasado también lo hicieron. El alivio como sociedad está en su existencia. En saber que hay quienes no se callarán, quienes educarán en valores, quienes educarán en ciencia. En definitiva, quienes querrán que la humanidad siga un camino diverso y repleto de conocimiento, de respeto, de palabras, de aprendizaje digno de aspirar a una sabiduría que inspire a generaciones venideras.

Políticamente vemos cómo en el presente se repiten patrones del pasado. Hay quienes nos quedamos perplejos ante tal involución. Quienes no entendemos cómo querer volver a no tener derechos, a no tener voz, a obedecer sin cuestionar a aquellos a los que les gusta mandar sin argumentar y oprimiendo se convierte en una opción de voto para parte de la sociedad.

Hay naciones que parece van a cometer un gran tropiezo pero de repente reaccionan. Algo así ocurrió en España. La remontada se logró, in extremis. La ola reaccionaria se logró frenar aunque no eliminar, siguen ahí, haciendo ruido, entorpeciendo la convivencia y ensuciando el diálogo. El recuento en aquel momento electoral fue angustioso, seguro que mucha gente escuchaba aquello con lágrimas, en ocasiones dispares seguro. Algunos derramaban esas lágrimas pensando que habían parado el horror, la represión que se avecinaba para quienes decidieran no callar. Y otros, quizás, las derramaban pensando que seguirían viviendo algo que para ellos era terrible, observar el imparable progreso, el feminismo, la libertad pero en mayúsculas, no la de tomar cañas, la libertad de poder hablar, votar o amar.

Sin embargo, hay otras naciones que tropiezan. Eso pasó en Argentina. Probablemente allí también se derraman lágrimas. Hoy en España vemos aquello como algo que pudo haber pasado aquí, y quizás deberíamos mirar atentos lo que ya se está decidiendo hacer. Aquí en España tenemos simpatizantes de aquello, quienes desde sus cargos dicen ver con buenos ojos ese modelo, ese nuevo rumbo. 

Los países, las naciones no pertenecen a aquellos que más gritan el nombre de su país, tampoco a quienes más ondean su bandera. Ni siquiera pertenece a quienes nacieron en él por el mero hecho de haberlo hecho. Las naciones son lugares enriquecedores abiertos a los ciudadanos de otros pueblos. Aquellos que quieren excluir jamás entenderán que la diversidad nos hace mejores. Y, sin embargo, esos reaccionarios son quienes llevan a sus naciones a la destrucción.

sábado, 16 de mayo de 2020

Civismo, una gran palabra desconocida para algunos

Les molesta que España sea de todos. Les molesta que haya un gobierno de izquierdas. Les molesta ver cómo sus caprichos no valen de nada frente a este momento de crisis sanitaria.

Protestar está genial, manifestarse y expresarse en libertad defendiendo lo que se cree justo. Pero protestar a deshora es injusto. Y digo que es injusto porque saltarse unas normas sanitarias puede suponer un mal para muchos. Para muchos que sí respetan las normas. Esas protestas con cacerolas a estrenar, con ese toque chic y ese tono caprichoso para hacer ver que ellos se pueden saltar las normas porque su dinero les da ese caché es del todo cutre y egoísta. Protestar ahora les parece mucho más lógico que protestar estos años atrás cuando sus políticos de cabecera recortaban en derechos fundamentales recogidos en la constitución española, sanidad, educación, derechos laborales... Esas protestas les parecían de gente de izquierdas que solo salen a la calle a hacer ruido y a crear desorden y romper mobiliario urbano. Pero desde luego, esta gente tan fina y elegante y con tantos modales a la vez que tan luchadores por los derechos de todos los españoles deberían de ver los vídeos en los que salen sin guardar distancias de seguridad, golpeando elementos del mobiliario urbano y creando un momento caótico de ruido y aglomeraciones de gente que atenta directamente contra el derecho de asegurar la salud de toda la ciudadanía en un momento de crítica situación sanitaria.

Vergüenza da este tipo de comportamientos por parte de los ciudadanos pero más vergüenza da que desde la política se anime a que esto ocurra. Porque, la libertad de un individuo acaba donde empieza la de otro. Y perdonen señores y señoras de cazuelas caras, casas caras y demás cosas caras, pero todos tenemos derecho a estar seguros y velando por la salud de toda una ciudad. Y el gobierno no es quien está atentando contra nuestras libertades, sino que son comportamientos tan poco cívicos como saltarse las normas de un estado de alarma, saltarse el distanciamiento social lo que atenta contra nuestras libertades. Su imprudencia es un riesgo para todos.
 
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