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jueves, 19 de diciembre de 2024

La cultura es el ascensor social

En una ciudad como Madrid, un día cualquiera, dos mujeres estaban en sus casas. Una de ellas, Carlota, vivía en el barrio Salamanca, una zona adinerada y privilegiada de Madrid. La otra, Lucía, vivía en Carabanchel, un barrio poco favorecido de Madrid.
Aquel día ambas se levantaron y desayunaron viendo las noticias en la televisión. Carlota desayunó zumo, café, una tostada de aguacate y salmón y algún pastel. Su asistenta había madrugado para poner aquel desayuno a Carlota. En Carabanchel, Lucía desayunaba un café con leche y unas tostadas con aceite que ella misma había preparado previamente.
En la televisión saltó una noticia sobre la sanidad pública, la deficiente inversión que recibe y la privatización a la que está sometida en Madrid. Carlota alzó la voz y malhumorada dijo, nos estafan con los impuestos, es innecesario mantener este sistema, se aprovechan quienes no se esfuerzan por prosperar. Lucía al ver la noticia derramó unas lágrimas, y susurró para sí misma, gracias a esta sanidad justa y para todos mi hermana se ha salvado y ha podido operarse de su terrible enfermedad.
Al rato, hablaban de educación, Carlota le decía a su asistenta, no quieren libertad, no quieren dejar elegir, quieren malgastar todo en lo público que no funciona. Hay que tener libertad para elegir público o privado. Lucía veía las noticias de educación con esperanza, con ilusión, pensando que sus nietos correrían más suerte que su familia antaño, su abuelo fue fusilado por querer enseñar a leer a sus vecinos de aquel pueblo. Serán chavales formados y libres.
Más tarde, ya en la tertulia posterior a las noticias, hablaban de memoria democrática. Comentaban el tema de los actos para recordar a las víctimas del franquismo y reivindicar la democracia. En ese momento Carlota se levantó de su sofá y le dijo a su asistenta, quieren enfrentar a los españoles, no quieren a la patria. Lucía también se levantó de su sofá y llamó a su hermana. Ambas emocionadas se decían, por fin, por fin alguien se acuerda de nuestras familias. Quizás queda esperanza, quizás en algún momento de la vida nos pedirán perdón por haber fusilado frente a tapias de cementerios a sangre fría a nuestros familiares, quizás nos miren a la cara y sean capaces de decirnos que haber lanzado sin piedad y con la mayor de las crueldades a nuestros familiares a cunetas eran actos deleznables. Quizás nos digan que torturarles en campos de concentración era de fascistas miserables. Quizás reconozcan que arrancarles de sus hogares frente a las miradas de sus hijos los cuales jamás pudieron quitarse las lágrimas de los ojos era marcar la historia de España.
Carlota y Lucía no existen más que en este relato, pero en realidad, hay muchas Carlotas y muchas Lucías. Hay mucha clase alta y mucha clase baja. Hay mucho poderoso y mucho oprimido. Hay muchas ideologías egoístas que luchan contra ideologías de progreso. Las clases altas lo son porque las clases bajas les dejan ser. La justicia social lo es todo y la cultura es la llave para lograrla.

viernes, 5 de febrero de 2021

Sociedades avanzadas en continua involución

La política tendría que ser el instrumento para hacer la convivencia en sociedad algo sencillo. Una herramienta que lograra llegar a puntos de encuentro entre posturas alejadas. Un marco de diálogo en el que discrepar fuera enriquecedor. La discusión argumentada es algo completamente deseable. El aprendizaje del ser humano depende de su predisposición a escuchar y a alcanzar acuerdos por un bien superior que es la comunidad.

Todo esto queda tan alejado de lo que a día de hoy se vive en el panorama político... Los y tú más y las negativas a llegar a acuerdos porque eso puede hacer perder votantes de los de "toda la vida".

Y, sin más, ha llegado una pandemia. La cual ha puesto a prueba al ser humano, al sistema económico por el que se había apostado mayoritariamente y a las sociedades. Y el resultado ha sido tremendamente desolador. La realidad es que este sistema económico es bochornosamente injusto, el ser humano es egoísta hasta niveles insospechados y las sociedades son todo menos comunidades que actúan en conjunto por un bien común.

Se ha demostrado que la gente busca su propio bienestar aunque ello suponga un mal para el vecino. Que los políticos tienen una baja formación para poder lidiar con problemas tan importantes y al final quedan reducidos a personas de partido que buscan votos sea cual sea el momento y caiga quien caiga con según qué actuaciones.

La moraleja de toda esta historia que estamos viviendo sería algo así como... No hemos aprendido nada, nos acordamos de la ciencia cuando la necesitamos y solo para que nos dé una solución a nuestro problema y poder seguir viviendo. Apartándola cuando ya no sea necesaria a corto plazo para poder seguir con nuestra vida individualista, en la que el bienestar propio está por encima del sentido de comunidad que nos haría buscar la manera de vivir pudiendo prever desastres de manera conjunta y organizada. 

La política se usa mal y gana la partida al conocimiento, a la ciencia. Hace más ruido, quizás. En ella se arrojan ideas retorcidas y equívocas en muchas ocasiones para poder crear según qué opiniones. Es por eso que ese lugar de encuentro resulta tan lejano. Es por eso que queda mucho por aprender, mucho para poder crear una democracia sólida que dé soluciones y tenga una buena base con pilares sólidos que haga de nuestro país un lugar puntero. La ciencia, la educación, la sanidad, la conciencia de comunidad harían que de verdad esto fuera una auténtica patria. No esta que algunos defienden con banderas e ideas retrógradas que nos llevan al pasado. 


martes, 21 de enero de 2020

Educar sin tabúes

Parece mentira que estemos en el siglo que estamos y nos creamos tan modernos, libres, independientes y formados como nos creemos.

Aún se ven ideologías del pasado, mentalidades desfasadas que hacen recordar tiempos de represión. ¿Son sanos los tabúes? ¿Es bueno educar omitiendo información? 

Es del todo absurdo pensar que los niños o niñas vayan a adquirir una identidad sexual por el mero hecho de que les sea explicado en las aulas que existen diversas maneras de relacionarse. Por explicarles que una familia tiene diversas formas, que no siempre lo que más se ve es lo normal. Es decir, hay padres que mueven a sus hijos por un mundo creado por y para ellos basado en sus pensamientos. 

Es injusto, ya que esos niños serán adultos en algún momento y quizás ellos mismos experimenten que no son parte de esa normalidad que les enseñaron, que quizás son homosexuales y no heterosexuales como se supone que deberían ser. Entonces tendrán un conflicto interno y externo. Ellos sentirán que están enfermos y además sentirán que posiblemente sus familias les rechacen porque ya les dijeron que eso era anormal. Esos niños pueden salir de esa falsa burbuja y ver que el mundo es muy diverso. Que la gente es diferente y feliz. Nadie es igual a nadie y eso enriquece la vida. Pero quizás ellos en ese mundo se manejen mal, sean intolerantes porque así es como tendrán que reaccionar después de lo que les han dicho que es la vida.

Querer que los padres custodien la educación desde dentro. Que marquen las directrices a los profesores. Que tengan capacidad para que sus hijos no acudan a según qué clase porque se imparta tal o cual lección es del todo cruel y poco coherente si se quiere educar de forma correcta a los hijos. Es decir, si un padre muy religioso decide que su hijo no puede acudir a biología no vaya a ser que se hable de Darwin es una completa atrocidad. Que un niño no acuda a historia porque se va a impartir la lección sobre la época de Hitler o se hablará sobre Stalin es una barbaridad.

La vida es así. Es decir, el mundo está repleto de historias y antes también existieron historias. Ocultar a los hijos información sobre lo que acontece es un error.

La ministra de educación ha sido criticada por algo que es absurdo. Decir que los hijos no pertenecen a los padres en el contexto en el que ella ha manifestado eso es una cosa acertada. Es decir, el Estado debe velar por la formación de los niños, por hacer seres independientes y capaces de afrontar sus vidas. De igual manera que si un padre decide no escolarizar a un niño en edad de estar en el colegio el Estado también intervendría. O si un padre se niega a que un menor reciba una cura o ayuda médica a algo que es ilegal negarse el Estado debe intervenir. Es por eso que hacer demagogia sobre temas tan normales y coherentes entra dentro de un ambiente de crispación extendido entre las formaciones y partes de la sociedad más conservadoras y menos propensas a recibir con los brazos abiertos el progreso y la libertad de las personas.

 
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